Trovero
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Trovero

Poemas del TRovero

 

Conocimos a Roberto en su Beaumont de Lomagne, pueblito del sur de Francia, trabajando en esa bella labor de formar corazones y mentes. Desde el principio hubo esa “química” que nos hace reconocer a los amigos. Ibamos a trabajar en un “Pirwalla” de una semana y él preparó con sus alumnos un trabajo que nos emocionó. Nos tradujo durante varios conciertos didácticos y siempre encontramos en él la mano abierta, el cariño y la sensibilidad que transmiten sus poemas.

En una de aquellas despedidas, luego de experiencias enriquecedoras con los niños, nos dejó un poemario de donde les dejamos estos.

Alturas


Soy

Soy
un árbol
en busca de cielo,
una sed
que pide
naranjas y limones.
Soy como un dolorcillo
infiltrado por la venas,
como dos manos
que tiemblan,
una nocvhe de fiebre
llamando al amanecer.
Soy
el sueño
de una caricia en mi piel,
la espuma de un beso
en las olas de dos labios
nacida.
Soy la boca y la fruta,
la risa y la queja.
Soy la espiga y la tierra,
locura de viento veraniego
sobre campos de piel dorada.
Soy brisa cariñosa,
dulce onda correindo
por la noche de una cabellera.
Soy perfume de trigales,
cosecha de caricias.
Soy el puerto y el velero,
el viajero y la posada.
Soy una noche tibia,
luz de luna
bañando
a dos cuerpos dormidos,
abrazados,
reunidos en paz y ternura.

Soy el deseo de ti.

(Abril 1995)



Yupanqui

El viento de la Puna
¡Qué frío!
corta la piel
como cuchilla de luna.

Mudas sentinelas,
los picos amoratados,
siglo tras siglo,
guardan los secretos
de los hijos del sol.
Escucha.
Escucha la voz del viento;
te cuenta la historia de Inti
y de un imperio
que cubrió los Andes,
echando puentes
de las orillas del Pacífico
a la misteriosa Amazonía.
Escucha.
por el aire puro del altiplano,
presencias transparentes
que a cada paso
respiras,
te acompañan
pastores y guerreros,
artistas y campesinos
que fueron el pueblo Inca.
Con oro y lana,
roca y cobre,
y con sangre,
con amor y con violencia,
al amparo
de orgullosas fortalezas
levantaron ciudades
de luz y color,
un mundo mágico
entre cielo y piedra.

Yo fui genereal
y con diez mil soldados,
de Paramonga al Urubamba,
del océano a la selva
conquisté valles y llanuras
trayendo esclavos a Cuzco.
estuve en Machupichu
viviendo con una esposa
más bella que las estrellas,
hasta el sol
me la envidiaba.
Sé itinerarios perdidos,
pasarelas de cuerda
como vertiginosos columpios
desafiando al vacío,
caminos de chasqui
que ningún pie humano
ha vuelto a pisar
desde que todos morimos
guerreando
en angostos desfiladeros
contra hombres de hierro
que escupçian fuego.
Mira.
Mira el vuelo del cóndor
y comprenderás
que como el aire y el fuego
somos eternos,
eternos
como la tierra y el agua.
Cada peña,
cada fuente,
cada planta y animal
conserva el alma
del pueblo inca.

El viento en la Puna
¡Qué frío!
corta la piel
como cuchillo de luna.

(Enero de 1995)



Neruda

Pobre poesía
aquella que no ríe,
pobre poesía
aquella que no llora.
Llantos y risas,
risas y llantos,
llaves del corazón,
puertas de la eternidad

Pobre posía
aquella que no canta;
pobre posía
aquella que no grita.
música y grito,
grito y música,
ecos de humanidad
en busca de cielo.

Pobre poesía
aquella que no conforma,
pobre poesía
aquella que no estalla.
¡Palabras vivas!
¡Qué relámpagos!
¡Hermano,
no te quedes de rodillas!

Pobre poesía
aquella sin heridas,
pobre poesía
aquella sin dolor.
Pienso en Neruda,
con sangre y sudor
labrando versos de luz
y me gusta caminar
por esos surcos de amor
que en la tierra abrió.

(Diciembre 1994)

 

 

Hambre

Ojos brillantes,
callados,
como dos hemisferios
de hambre muda.
¿ Qué me dice tu mirada ?
¿ En qué silencio de algodón
se ahogó tu voz ?
¿ Qué cielo negro
empapelado de tristezas
apagó tu sonrisa ?
Meridianos de alambre
te forjaron
una cárcel de hambre,
y la tierra,
jaula indiferente,
rodando
por un espacio
sin gritos
repite horizontes
vacíos.

Me miras,
mirada terrible
que no espera nada,
mientras el hambre,
muertecita lenta
culebreando
por tu sangre,
te devora.

Tenemos tú y yo
el mismo sol
que me alumbra
cada día
y contempla,
impasible,
tu agonía.
La misma humanidad
que me abriga
te quita la vida.

Y yo,
niño mío,
¿ Qué hago ?

(Abril 1994)

 

 

Te Veo

miro al tumultuoso río,
espuma rizada,
camino de agua
buscando la boca del mar,
recuerdo de laderas nevadas,
y te veo.

Miro al vuelo nervioso
de las golondrinas
en la luz del atardecer,
aéreas notas de música
dibujando infinitas melodías,
y te veo.

Miro a las altas cumbres,
dientes de nieve
en lo azul del cielo clavados,
tan puro, tan puras,
nobleza en la inmovilidad
erguida,
y te veo.

Miro a la esfera nocturna
salpicada de estrellas,
chispas de vida lejana,
temblor de plata
en el silencio de la noche,
y te veo.

Cierro los ojos.
De viaje me voy,
solo,
por los senderos
de mi memoria,
perdido en el laberinto
de tantos sueños
que no vivieron,
y a cada vuelta,
a cada paso,
silueta de luz
silenciosa,
compañera
de siempre,
te veo.

(Diciembre 1994)

 


Sin Armas

No te defiendas,
no te hagas muralla
que yo no seré guerrero.
Una mirada tuya,
con más fuerza y poder
que todos los castillos,
me puede encerrar.
Y otra mirada,
sin guerras ni batallas
me puede liberar.
Vengo sin armas,
con manos de ternura.
En el corazón
un batallón de palomas,
en el alma
cien mil primaveras
disparando flores y risas.
No te defiendas,
no te hagas muralla.

Y piensa también
que el amor
que abre heridas
un día las cura.

Con amor.

(Octubre 1995)

 

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